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LA LEYENDA DEL GARAJONAY

7 diciembre, 2007
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La Leyenda del Garajonay

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“Dicen los mayores que en los profundos barrancos es posible escuchar aún el eco del último de los suspiros de los dos enamorados que antaño sellaron su unión en la infranqueable frontera de la vida y de la muerte. “
Gara era la princesa de Agulo, el lugar del Agua y Jonay, era el hijo del Mencey tinerfeño de Adeje, que procedía del fuego.

En la noche de las hogueras, y con motivo de las fiestas de la recolección, Gara y Jonay se conocieron , sintieron como un amor puro y nuevo florecía en sus cuerpos y les atravesaba el corazón.

Para Gara, el fuego le había señalado que después de cuatro lunas el amor le llegaría por mar, así fue, pero después de conocer a Jonay, el humo y otros signos señalaban que lo que parecía un hermoso amor, a los ojos de los profanos no traería más que desgracia a la isla, así que la familia de la hermosa aborigen no podría permitir un riesgo así, aunque ellos significara romperle el corazón. Además su padre también tenía otros planes de boda para ella, por lo que el destino estaba marcado.

Tras volver a Tenerife, Jonay sintió como la pena le encharcaba el alma, así que decidió regresar en secreto a La Gomera,  pero esta vez lo haría nadando, si su amor era auténtico, sus brazos podrían vencer cual tormenta o peligrosa corriente… “Tal vez los nobles y sabios gomeros recapacitarían bendiciendo la unión, pero el inamovible rechazo de los padres se mantenía imperturbable.

“Los enamorados querían tocar el cielo, alcanzar la cima de la isla que Gara tan bien conocía, sellar su amor en aquel espacio mágico, en la roca sagrada, rodeados de estrellas… así su amor sería eterno.
Una vez en la cima, la princesa consultó a los oráculos y una vez más le advirtieron que en la tierra su amor jamás podría prosperar.
Una mirada entre ambos fue suficiente, ocurrió la esperada unión de sus cuerpos, con ternura y pasión, con caricias jamás soñadas, y después de un beso y una sonrisa cómplice, cayeron danzando al vacío, ya no habría desgracias y así confirmarían que el amor perviviría más allá de su cuerpos.

“Todavía hoy se escuchan los ecos de sus corazones entre los redondos perfiles de aquella montaña de piedra del Alto del Garajonay, el eterno lugar de ambos”

Desconozco su autor.

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Emilieta

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